miércoles, 11 de septiembre de 2013

¿UN PRESIDENTE PROMETEICO?: LAS MUERTES DE SALVADOR ALLENDE Y FELIPE CARRILLO PUERTO


A Salvador Allende, la reacción chilena teledigirida por Washington lo mató: un ejército completo comandado por Pinochet, eliminó a un solo hombre parapetado con su ametralladora, su casco y su traje de doctor de pueblo en el Palacio de la Moneda; aquel hombre que inspiraría a Gilbert Joseph a escribir sobre la vía yucateca al socialismo. Porque precisamente, antes de Allende, en Yucatán, un hombre de pueblo había obtenido el poder en forma dizque "democrática", y desde ahí, comenzaría a llevar a la práctica sus visiones socialistas plasmadas en congresos como el de Motul e Izamal: la reivindicación del proletariado maya, la entrega de tierras y los barruntos del “hombre nuevo”. A Carrillo Puerto, la reacción yucateca lo mató cobardemente, impunemente; y a Allende, su asesinato fue sintetizado de forma admirable por García Márquez en el discurso con el que el colombiano recibió el Nobel:
Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército [...]
Esta frase del aracateño, sin duda, es demoledora, aplastante por lo que tiene de cierto: en la América nuestra, en la América de nadie, los extremos se vuelven monstruosos, y no existen medianías. Ahora bien, el gesto último de Allende, ¿nos puede decir algo de una personalidad megalomaníaca, de una mente suicida que estaba convencida que podría con un ejército completo? Entiendo que las revoluciones, todas, al final se estancan, se petrifican, se pudren, les entra pus y la gangrena las acalla. A Allende no le dieron chance de demostrar su petrificación, su más que posible vicio de quedarse para siempre en el poder, como Castro, como Chávez, como los sátiros sandinistas y otras alimañas dictatoriales. A Carrillo Puerto, uno de los “mártires” y modelos de virtud del régimen priísta exculpado hasta por sus panegiristas de ayer y de mañana, no se dice que ejerció el poder de forma autoritaria, que gobernaba detrás de los mequetrefes como Berzunza y otros, que desde su partido socialista comenzó la vindicta pública y privada, que si bien fue un repartidor de tierras, al mismo tiempo ponía los andamios para que el régimen que iniciaría a partir de 1929 viera en él a un ejemplo claro de cómo gobernar mediante todo un sistema caciquil vertical. Estoy seguro que si se hubiera salvado de la muerte en 1924, Carrillo Puerto hubiera estado ahí bastante tiempo, y en vez de Bartolomé García Correa, el hombre fuerte del Maximato en Yucatán sería el hombre que secundó la candidatura presidencial de Elías Calles en Yucatán: nada más y nada menos que Carrillo Puerto.

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