jueves, 8 de enero de 2009

Reflexiones sobre comunismo y religión (apuntes de un ex ateo)


El comunismo y el cristianismo no son, ni por lejos, semejantes. Todo lo contrario el cristianismo del comunismo. Uno propugna la idea de la violencia en casos extremos, el otro el de la benevolencia en todos los extremos. El comunismo piensa que Dios es el todopoderoso agente al servicio del Gran Capital; el otro, el cristianismo, que Dios es el dador de vida eterna.
Los cristianos son abúlicos, piensan en las moscas (esta frase la atraco de Wittgenstein, que hizo todo lo posible por sacar a ese pobre insecto del frasco de los prejuicios) y son de visión conservadora; los comunistas se avientan a la acción, piensan en cómo destantear al sistema de explotación actual, y su visión es de vanguardia.
Podría decirse que el comunismo, desbrozándolo de sus riquezas, es un cristianismo superado, sin cruz y sin paraísos postmorten. Como cristiano que era, como comunista que nunca fui, y como neoliberal que no pienso ser, puedo decirme, a mí mismo, que los postulados morales del marxismo son la perfección moral del cristianismo.
Exceptuando milagros pasajeros, Cristo no hizo nada por su pueblo: ¿De qué le sirvió a la hija de Jairo, al hermano de la viuda de Betania y a Lázaro resucitar? ¿Para volver a sufrir las penalidades propias de las intermitencias de la muerte, o la hambre exagerada, la sed y el deseo no satisfecho de esta vida de la carne?
Los judíos (esos caínes de la historia), correctamente, además de matarlo, le denegaron el estatuto de Mesías a Jesús. Ellos no necesitaban, en esos momentos de yugo imperial, a un Mesías que, en sus argumentos y parábolas, dictaba la buena voluntad al enemigo: si te abofetean la mejilla izquierda, ofrécele la derecha, etc. Jesús propugnó el no-hacer nada por la situación abyecta e inhumana en la cual se encontraba su pueblo (misma situación abyecta e inhumana en la cual actualmente se encuentran los palestinos). Era un perfecto abúlico, él mismo lo dijo: “Mi reino no es de este mundo”, por tanto, destrúyeme, embrutéceme, prostitúyeme, sacrifícame que no me importa, yo te ofrezco las facilidades y el asesoramiento logístico para implementar los progromos (esos sonoros participios, ahora más que nada cuando se lee con terror los periódicos para constatar la limpieza étnica que se cierne sobre Franja de Gaza, se puede aplicar al pueblo palestino: están siendo destruidos, embrutecidos, prostituidos, sacrificados como corderos, con todas las facilidades tecnológicas y logísticas de un gobierno criminal como no podría ser otro que el gobierno sionista que encabeza el marrano Olmert: el progromo que se efectúa sobre la tierra palestina, a pesar del desperdigado cacaraqueo de unos cuantos marionetas jefes de estado, no va a parar hasta, según el propio gobierno sionista israelí, "el amargo final"...Ustedes imagínense hasta que escala de la muerte llega esa advertencia del gobierno de Olmert).
Si Sharon hubiese nacido en el tiempo de Jesús, es obvio que él hubiera sido el verdadero Mesías de los cerdos. La abulia humana de Jesús llevó a sus siempre mal interpretadores discípulos a la creación de ese monstruo anticristiano que es la burocracia católica con su largo historial de crímenes nefandos y sus Torquemadas conversos.
Al contrario del sátrapa Castro, pienso que Marx no hubiera suscrito el sermón de la montaña, y si lo hubiera, sería nada más para refutarlo.
Confieso que no tengo para nada esa “sangre de teólogo”, la peor sangre que podría correr en las venas de un humano, según Nietzsche. Para mí, la religión –cualquier religión –es la abulia, la ebriedad, el indolor, la pasividad de los sentidos. (Cfr. la filosofía vitalista de Nietzsche, profeta de Supermán). Refuto a toda religión con una pregunta: nos prometen otra vida, pero ¿por qué no nos prometen ésta?
Lo más monstruoso, lo descomunalmente monstruoso que el hombre haya podido crear, no ha sido el pensamiento antisemita de Adolf Hitler, ni que Calígula hayase nombrado cónsul a su caballo (acepto, junto con Swift, en la superioridad intelectual de los equinos por sobre todo humanoide que se crea descendiente de un dios), o que Nerón prendiera fuego a la altanera Roma para poner en práctica sus proyectos arquitectónicos. No. No es ni la filosofía conservadora de Fukuyama, la creación de la bomba atómica, el feminismo que desfeminiza a las mujeres y las vuelve hombres sin balano, eso no es lo monstruoso; lo monstruoso, lo atroz, lo irracionalmente comprensible ha sido la creación, no de la idea de Dios ni de su estructura religiosa, sino de sus intolerancias clericales, sus absurdos maniqueísmos, sus altiveces y sus poses de tribus mejores.
La panacea de todos los males no es Dios (Se dice: “Dios no existe…” ¡Claro que Dios no existe! La existencia sólo es posible en términos de espacio-tiempo), el señor cura de mi aldea, o los poderes políticos que sólo persiguen particulares hazañas.
La razón histórica nos señala que ni la ideología comunista extinguió de plano toda la melancolía de la humanidad. El hombre, bien lo sabemos, es un bípedo implume que segrega melancolía sin ocaso. En este compartimiento estanco y dantesco de la historia en que nos han condenado los grandes muertos del pasado siglo XX –no veo salida posible al pantagruélico fracaso-, el hombre, como bien dijera aquel inmortal andante caballero de rostro enjuto y flaco de carnes que tuvo la impertinencia de recorrer los campos de la Mancha sobre un derrengado rocín matalón, acompañado siempre de su fiel y basto escudero comilón y avieso montado éste sobre un blando borrico, es hijo de sus obras. Más: yo soy lo que hago, y no lo que tengo.
El viejo Marx no es la panacea, pero ayuda demasiado. De Cristo me impresiona dos cosas: su excesiva creencia en el hombre y su no menos ambigua disposición a la intolerancia, como cuando nos insta a dejar a los pobres muertos a la indefensión total: dejar a los muertos que entierren a sus muertos, es una incoherencia y una contradicción del propio Jesús. En efecto, ¿no fue él el quien nos contó la parábola de los enfermos que necesitan, ellos y no los sanos, del doctor?
Una pregunta que hago: entre palestinos, comunidad internacional y el criminal gobierno sionista, ¿quién de ellos necesita del doctor?

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